Dispossesions in the Americas

Dispossesions in the Americas

  • Inicio
  • Explorar
  • Autores
  • Sobre
  • Arte
  • Cuerpos
  • Planes de Estudio
  • Herencia Cultural
  • Mapas
  • Territorios
Volver a Explorar

Leyendo en Inglés

Narrativa 1900 - 1950 2023

Paul Strand and the Artisans of Michoacán

  • Morales Cruz, Humberto

Publicado: 2024

Photographs from Paul Strand’s *The Mexican Portfolio*, 1940.

Photographs from Paul Strand’s The Mexican Portfolio, 1940.

Narrativa 1900 - 1950 2023

Paul Strand y los artesanos de Michoacán

  • Morales Cruz, Humberto

Publicado: 2024

Fotografías de Paul Strand, *The Mexican Portfolio*, 1940.

Fotografías de Paul Strand, The Mexican Portfolio, 1940.

Resumen

Este breve ensayo analiza las reflexiones de Paul Strand sobre el arte popular en Michoacán, basándose en un informe que escribió a petición del gobierno mexicano en 1933. Strand, un reconocido fotógrafo estadounidense, examinó las condiciones de los artesanos en Uruapan, reconociendo el potencial estético de su obra, pero también señalando las influencias coloniales opresivas impuestas por fuerzas hegemónicas. Desde una perspectiva marxista, Strand atribuyó las limitaciones creativas de los artesanos a su subordinación a modelos estéticos extranjeros—tanto nacionales como internacionales—que obstaculizaban su autonomía artística. Esta opinión se gestó en el marco de su propia experiencia como miembro de la Photo Secession, un grupo que consolidó la fotografía como una forma de arte en las primeras décadas del siglo XX, argumentando que su conexión directa con la realidad podía revelar la auténtica experiencia americana, la cual había sido oscurecida por paradigmas estéticos eurocéntricos. A pesar de su perspicacia, el informe de Strand no considera las perspectivas de los propios artesanos. Su simpatía, aunque genuina, está teñida de paternalismo. Hoy en día, Uruapan alberga el mercado de arte popular más grande de América, destacando la importancia continua de la producción artesanal para las comunidades locales. La feria atrae a muchos de los mismos actores descritos por Strand: productores, autoridades estatales, turistas y coleccionistas, representando el complejo ecosistema que rodea al arte popular.

El 2 de junio de 1933, el compositor Carlos Chávez, director del Departamento de Bellas Artes de México, firmó un documento oficial en el que encargaba a su amigo, el fotógrafo estadounidense Paul Strand, “hacer en Michoacán estudios especiales y allegarse la documentación necesaria para fundar un plan de filmación de películas educativas”. Sin embargo, el informe que Strand entregó tras sus viajes al estado de Michoacán no se ajusta realmente a esta misión. No hay ni una sola palabra sobre las condiciones del área para hacer una película. En su lugar, entregó un informe sobre el arte popular de la región. El documento que escribió denuncia las condiciones que oprimían a los artesanos de Michoacán durante ese período y, según él, hacían imposible el pleno desarrollo de su creatividad. Hoy en día, identificaríamos lo que Strand describe como colonialismo. El fotógrafo rastreó el origen de estos problemas al estatus periférico de los artesanos (muchos de los cuales formaban parte de poblaciones indígenas) en términos culturales y económicos; a su dependencia de entidades externas que moldeaban y continúan moldeando las preferencias estéticas, así como a la forma es que el mercado de bienes culturales estaba estructurado para atender los deseos de la ciudad, revendedores y turistas.

Strand no era un experto en este tema, y escribió su informe tras haber estado en la zona durante solo unos pocos días. No obstante, tenía una experiencia significativa previa como fotógrafo que convertido en artista. Strand pertenecía a una generación que consolidó la fotografía como una forma de arte en los Estados Unidos. Antes de ellos, la foto se percibía como un oficio: técnico y creativo, pero mecánico y utilitario. La experiencia de esta transición permitió al fotógrafo abordar la redacción de su informe con una empatía especial hacia la condición de los artesanos, que precisamente trabajaban en el umbral entre lo artístico, lo utilitario y lo decorativo. A pesar de no tener un conocimiento profundo del contexto de los artesanos, su experiencia le permitió comprender los problemas estructurales que los agobiaban. A pesar de sus especificidades, los obstáculos que Strand señala en su informe son relativamente similares a los que su generación enfrentó para lograr que la fotografía fuera plenamente reconocida como un medio artístico.

Antes de viajar a México, Strand había sido la figura más emblemática de la última etapa del movimiento de la Photo-Secession, un grupo de fotógrafos con sede en la ciudad de Nueva York que, en la década de 1910 del siglo XX, luchó por el reconocimiento de la fotografía como una forma de arte. Algunos de sus miembros más reconocidos fueron Alfred Stieglitz, Edward Steichen y Alvin Langdon Coburn. Lo lograron al integrar sus objetivos en una meta más amplia del arte estadounidense de la época: ganar autonomía frente a las estéticas europeas. El arte de los Estados Unidos no tenía el prestigio que tiene hoy en día y en ese momento se consideraba marginal y epigonal en comparación con el arte europeo. Los miembros del círculo de Stieglitz (como también fue conocido este grupo) argumentaban que, debido a su relación directa con la realidad, la fotografía era el mejor medio para revelar la esencia de la experiencia estadounidense, la cual consideraban enterrada bajo los paradigmas eurocéntricos de otras artes. Entre otras cosas, esta argumentación fue la que les permitió volverse relevantes como artistas, y alimentó sus relaciones con otros importantes actores culturales de la época, como Georgia O’Keeffe y Waldo Frank. El logro de la autonomía artística de la fotografía durante este período vino acompañado de una profunda reflexión sobre la importancia de establecer una autonomía regional para el espacio artístico estadounidense frente a la hegemonía del arte modernista europeo.

El estilo de “fotografía directa” que buscaban cultivar fue concebido como un arte completamente americano, uno que expresara fielmente la realidad de su entorno y, por lo tanto, se liberara de estéticas externas. Esta relación entre autonomía artística y autonomía regional es particularmente interesante cuando se considera su relevancia en el contexto mexicano. Una dinámica similar es visible en la búsqueda de identidad nacional durante ese período que se cristalizó en la noción de mexicanidad. Este proceso dio lugar a movimientos artísticos significativos como el muralismo, que también puede ser interpretado como un esfuerzo por generar un arte netamente mexicano. Sin embargo, es importante reconocer que esta estrategia no fue accesible para todas las prácticas artísticas. El arte popular en Michoacán —las prácticas artísticas originarios de regiones e identidades subordinadas a la hegemonía de la nación mexicana, que ocupaban un espacio periférico dentro de un país periférico— realmente nunca tuvo esta opción. Este entrelazamiento de historias parece propicio para reflexionar sobre cómo ciertas prácticas logran establecerse como arte y qué circunstancias impiden que esto suceda en otros casos.

En esta época, tanto en México como en los Estados Unidos, la noción de “primitivismo modernista” fue importante para desarrollar identidades estéticas nacionales. A raíz de la Primera Guerra Mundial, las ideas spenglerianas sobre la decadencia inminente de Europa circulaban ampliamente y parecía haber una oportunidad de cambio en la dinámica geopolítica mundial. En el ámbito del arte, en parte como reacción a esto, el modernismo recurrió a lo que llamaban “primitivismo”: la idea de que el arte occidental necesitaba mirar receptivamente a las culturas “primitivas” para revitalizarse, apropiándose de sus cualidades formales para restituir lo que se había perdido a través de la modernización y el racionalismo. En Europa, esta estrategia está asociada a varios de los artistas más importantes de la época, como Matisse, Gauguin o Picasso. El grupo de la Photo Secession al que perteneció Srand fue el primero en organizar exposiciones de estos Artistas en Estados Unidos. Sin embargo, el primitivismo modernista representaba algo diferente en las Américas y, como discurso, se volvió clave para articular la relevancia del contexto americano. Desestabilizó los esquemas que hacían de la originalidad y la invención un privilegio europeo, mientras que otros lugares del mundo solo podían seguir e imitarlo. El primitivismo modernista funcionó casi como una inversión de esta estructura. Estas ideas fueron retomadas por artistas de todo el continente americano a partir de las vanguardias europeas. A primera vista, podría parecer que esta adopción consolidaba el diagrama tradicional de flujo desde Europa hacia la periferia americana, pero las ideas del primitivismo eran un fuego prometeico.

No pasó desapercibido para los artistas de toda América que esta estrategia parecía más natural en sus contextos que para los artistas europeos. Tomando prestados los términos de Hal Foster en “The Artist as Ethnographer”, el primitivismo modernista europeo parecía más bien “alterizar al yo que ‘autoafirmar’ al otro” (304), ya que necesitaban importar artificialmente la otredad desde fuera. En comparación, los modernismos periféricos creían tener acceso local a lo que se identificaba como “primitivo”. Esto significó en varios contextos americanos que el primitivismo modernista no era solo un discurso sostenido por artistas, sino también por la clase política; se volvió una herramienta para lograr una posición más autónoma como sociedades no europeas.

Una versión del primitivismo modernista se volvió clave en México y en los Estados Unidos, entre otros países, para argumentar por qué estaban llamados a crecer como naciones, a convertirse en importantes culturas artísticas, pero también en los ámbitos político y económico. La vitalidad de la esencia primitiva de las Américas, guiada por modelos modernos, garantizaría futuros brillantes. En México, el uso de este tipo de primitivismo se puede encontrar en la glorificación de los imperios precoloniales locales, como los mexicas y los mayas; en la valorización del carácter indígena rural; y, por supuesto, en la ideología del mestizaje, que llegó a ser la encarnación de esta amalgama de lo moderno y lo primitivo. En los Estados Unidos, las estrategias del primitivismo modernista pueden rastrearse en el valor que el New Deal asignó a la fortaleza y dignidad de la clase trabajadora a través de corporaciones como la Farm Security Administration, fácil de identificar en sus representaciones de la pobreza rural.También se puede apreciar en el giro hacia la preservación de cualquier cosa que pudiera percibirse como patrimonio nacional: los paisajes naturales se convirtieron en parques nacionales y las culturas nativas americanas pasaron a ser una parte importante del fundamento que sostenía la cultura estadounidense. Asimismo, hubo un interés antropológico en el jazz, la migración y la cultura popular en general.

Estos fueron algunos de los años más progresistas socialmente en México y en Estados Unidos. En México, la agenda estatal en ese momento todavía estaba impulsada por la energía política de la revolución popular que había terminado en 1917; en los Estados Unidos, el New Deal se constituyó como una respuesta a la Gran Depresión, buscando aliviar las dificultades de las masas desposeídas. La estrategia del primitivismo modernista se percibía como inclusiva y democrática, ya que hacía visibles a entidades tradicionalmente marginadas en lo social y les ofrecía un sentido de ciudadanía; sin embargo, también significaba su subsunción a las lógicas del nacionalismo, la cooptación de sus identidades y la negación de la posibilidad de autonomía. Esto es algo que Strand observó en su informe. Identificó muchos de los problemas que vio en la práctica de los artesanos como relacionados con su subordinación al sistema mexicano y sus deseos.

En su informe, Strand reconoce que hay una “artesanía bastante notable” dedicada a la producción de lacas en Uruapan. Sin embargo, de manera controvertida, describe las obras resultantes como “mecánicas y antiestéticas”. Strand relaciona esta aparente paradoja con lo que hoy identificaríamos como colonialismo, expresado como una desconexión entre la producción de los artesanos y su realidad: “Aunque estas personas viven entre frutas, flores y pájaros, y toda la riqueza de una tierra semitropical, los diseños florales en sus bateas están estilizados en un patrón muerto e insensible”. También describió el estilo de las lacas como extranjero, en la medida en que estaba plagado de lo que Strand llamaba motivos “pseudo-griegos y pseudo-aztecas”. Para él, esta es una característica crucial porque culpaba a esta influencia opresiva de modelos estéticos externos y anticuados de impedir que los artesanos usaran su propia imaginación libremente. Es particularmente interesante que la influencia griega europea la colocara al mismo nivel que la estética “azteca”. Un informante diferente, especialmente uno que conceptualizara el arte popular de la región como parte del arte mexicano sin notar sus matices, podría ver una relación más orgánica entre los artesanos indígenas purépechas y el Imperio Azteca. Sin embargo, para él, tanto las influencias europeas, como las expectativas de seguir los clichés primitivistas locales, dificultaban que los artesanos fueran agentes contemporáneos activos. Strand, en ese momento fuertemente influenciado por el marxismo, los veía como una fuerza laboral alienada, condenada a la producción y reproducción mecánica de objetos para ser vendidos en lugares distantes a su experiencia.

En su informe, Strand escribió principalmente sobre la ciudad de Uruapan, Michoacán. Es donde pasó la mayor parte de su tiempo en el estado. El arte popular sigue siendo muy importante en la ciudad. Durante dos semanas cada año, Uruapan alberga el mercado de arte popular más grande del continente. El evento, que comienza cada año el Domingo de Ramos, toma por completo la plaza central de la ciudad. Reúne a alrededor de 1,500 artesanos de 50 comunidades de todo el estado e incluso de otros lugares del país donde el arte popular es una actividad económica importante, como Guerrero y Oaxaca. Además, alberga un concurso que premia las piezas de destacada calidad técnica y creativa. En 2023, solo las ventas de las obras presentadas a este concurso ascendieron a más de un cuarto de millón de dólares. El impacto económico total del evento de ese año fue de 5.5 millones USD. Estas cifras destacan la importancia contemporánea que la producción de arte popular sigue teniendo en la región, especialmente para las comunidades productoras. Es importante señalar que la producción artesanal es la principal fuente de ingresos para la mayoría de las familias que acuden a la plaza a vender sus productos.

La feria de artesanías de Uruapan ejerce una fuerte atracción gravitacional que convoca a las múltiples entidades involucradas: productores, autoridades estatales y federales interesadas en promover estos productos culturales, revendedores, turistas nacionales y extranjeros, coleccionistas, y representantes de fondos privados con programas dedicados a fomentar este fenómeno. En este sentido, presenta una oportunidad única para examinar las diferentes capas que componen este fenómeno en la región hoy en día. A pesar de su perspicacia en ciertos aspectos, el informe de Paul Strand no escapa a los sesgos de la época. Su reflexión sobre el arte popular del estado de Michoacán es muy unilateral y excluye las voces de los sujetos sobre los que escribe, tendiendo así a percibir a los artesanos como entidades pasivas, como únicamente víctimas.

Bibliography

Antliff, Mark, y Patricia Dee Leighten. “Primitive.” En Critical Terms for Art History, editado por Robert S. Nelson y Richard Shiff. Chicago: University of Chicago Press, 1996.

Berger, John. About Looking. 1st Vintage International ed. New York: Vintage International, 1980.

Bourdieu, Pierre. The Rules of Art: Genesis and Structure of the Literary Field. Stanford, CA: Stanford University Press, 1996.

Frank, Waldo David. Our America. New York: Boni and Liveright, 1919.

Gabara, Esther. Errant Modernism: The Ethos of Photography in Mexico and Brazil. Durham, NC: Duke University Press, 2008.

García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: Estrategias Para Entrar y Salir de la Modernidad. Mexico City: Grijalbo, 1990.

Goldstone, Andrew. Fictions of Autonomy: Modernism from Wilde to de Man. Oxford: Oxford University Press, 2013.

Haran, Barnaby. “Documenting an ‘Age-Long Struggle’: Paul Strand’s Time in the American Southwest.” Art History 43, no. 1 (febrero de 2020): 120–53.

Hegeman, Susan. Patterns for America: Modernism and the Concept of Culture. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2001.

Krippner, James, y Fundación Televisa. Paul Strand in Mexico. 1st English-language ed. New York: Aperture, 2010.

Krippner, James. “Traces, Images and Fictions: Paul Strand in Mexico, 1932–34.” The Americas 63, no. 3 (2007): 359–83.

León, Francisco de, y Gabriel Fernández Ledesma. Los Esmaltes de Uruapán. Mexico City: D.A.P.P., 1939.

Parezo, Nancy J., y Lisa Munro. “Bridging the Gulf: Mexico, Brazil, and Argentina on Display at the 1904 Louisiana Purchase Exposition.” Studies in Latin American Popular Culture 28 (2010): 25–47.

Penhos, Marta. Ver, Conocer, Dominar: Imágenes de Sudamérica a Fines del Siglo XVIII. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores Argentina, 2005.

Roberts, Jodi. “Ethnography.” En The Matter of Photography in the Americas. Stanford, CA: Iris & B. Gerald Cantor Center for Visual Arts at Stanford University and Stanford University Press, 2018.

Sontag, Susan. On Photography. 1st Picador USA ed. New York: Farrar, Straus and Giroux, 1977.

Stallings, Stephanie N. “The Pan/American Modernisms of Carlos Chávez and Henry Cowell.” En Carlos Chávez and His World, editado por Leonora Saavedra, 28–45. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2015.

Strand, Paul. “Photography.” Camera Works 3 (1917): 3–4.

Strand, Paul. “Report of Paul Strand on Trip to Michoacán.” Center for Creative Photography Archives, Ag 17, box 31, folder 2.

Strand, Paul. Paul Strand, Southwest. 1st ed. New York: Aperture, 2004.

Susman, Warren. Culture as History: The Transformation of American Society in the Twentieth Century. New York: Pantheon Books, 1984.

Yates, Steve. Transition Years: Paul Strand in New Mexico. Santa Fe: Museum of New Mexico, 1989.

Cita

Morales Cruz, Humberto. 2024. 'Paul Strand y los artesanos de Michoacán'. Despojos en las Américas. https://dia.upenn.edu/es/content/Morales-CruzH002/

Leyendo en Portugués

Narrativa 1900 - 1950 2023

Paul Strand e os Artesãos de Michoacán

  • Morales Cruz, Humberto

Publicado: 2024

Fotografias de Paul Strand, *The Mexican Portfolio*, 1940.

Fotografias de Paul Strand, The Mexican Portfolio, 1940.

Resumo

Este breve ensaio discute as reflexões de Paul Strand sobre a arte popular em Michoacán, com base em um relatório que ele escreveu a pedido do governo mexicano em 1933. Strand, um renomado fotógrafo americano, examinou as condições dos artesãos em Uruapan, reconhecendo seu potencial estético, mas também observando as influências coloniais opressivas impostas por forças hegemônicas. Sua perspectiva marxista atribuía as limitações criativas dos artesãos à sua subordinação a modelos estéticos estrangeiros — tanto nacionais quanto internacionais — que impediam sua autonomia artística. Essa opinião foi moldada por sua própria experiência como membro da Photo Secession, um grupo que consolidou o status da fotografia como forma de arte nas primeiras décadas do século XX, argumentando que sua conexão direta com a realidade poderia revelar a autêntica experiência americana, que havia sido obscurecida por paradigmas estéticos eurocêntricos. Apesar de sua perspicácia, o relatório de Strand não leva em consideração a perspectiva dos artesãos. Sua compaixão, embora genuína, é tingida de paternalismo. Atualmente, Uruapan abriga o maior mercado de arte popular das Américas, o que destaca a importância contínua da produção artesanal para as comunidades locais. A feira atrai muitos dos mesmos participantes descritos por Strand — produtores, autoridades estaduais, turistas e colecionadores — representando o complexo ecossistema em torno da arte popular.

Em 2 de junho de 1933, o compositor Carlos Chávez, chefe do Departamento de Bellas Artes do México, assinou um documento oficial incumbindo seu amigo, o fotógrafo americano Paul Strand, de “realizar um estudo especial em Michoacán e reunir a documentação necessária para apoiar um plano de gravação de filmes educativos”. No entanto, o relatório que Strand entregou após suas viagens ao estado de Michoacán não se encaixa realmente nessa missão. Não há uma única palavra sobre planos para filmagens na região. Em vez disso, ele apresentou um relatório descrevendo a arte popular da região e, em especial, suas condições de produção. O texto de Strand denuncia as condições que oprimiam os artesãos de Michoacán durante esse período e que, segundo ele, impossibilitavam o pleno desenvolvimento de sua criatividade. Hoje, identificaríamos o que Strand descreve como colonialismo. O fotógrafo atribuiu a origem desses problemas à condição periférica dos artesãos (muitos dos quais pertenciam a populações indígenas) em termos culturais e econômicos, à sua dependência de entidades externas que moldaram e continuam a moldar as preferências estéticas, bem como o mercado de bens culturais.

Strand não era especialista no assunto e escreveu seu relatório com base apenas em sua experiência de alguns dias na região. No entanto, ele possuía uma significativa experiência prévia como fotógrafo, tendo posteriormente se tornado artista. Strand pertencia a uma geração que consolidou a fotografia como forma de arte nos Estados Unidos. Anteriormente, era vista como um ofício: técnico e criativo, mas mecânico e utilitário. Ter vivenciado essa transição pessoalmente permitiu ao fotógrafo abordar a redação de sua reportagem com uma empatia especial pela condição dos artesãos. Apesar de não possuir um conhecimento profundo do contexto dos artesãos, ele foi capaz de compreender os problemas estruturais que os afligiam.

Antes de viajar para o México, Strand era o rosto da Photo Secession, um grupo de fotógrafos sediado na cidade de Nova York que, na década de 1910, lutava pelo reconhecimento da fotografia como forma de arte. Alguns de seus membros mais conhecidos foram Alfred Stiglitz, Eduard Steichen e Alvin Langdon Coburn. Eles integraram seus objetivos para a fotografia a um objetivo mais amplo para a arte americana da época: conquistar autonomia em relação à estética europeia. A arte nos Estados Unidos não tinha o prestígio que possui hoje e, na época, era considerada marginal e derivada em relação à arte europeia. O grupo de Stiglitz argumentava que, por ser muito “direta”, a fotografia era o melhor meio para revelar a essência da experiência americana, que eles consideravam estar soterrada por paradigmas eurocêntricos em outras artes. Essa mudança permitiu que eles se tornassem relevantes como artistas e enfatizou sua relação com outros importantes atores culturais da época, como Georgia O’Keeffe e Waldo Frank. A conquista da autonomia artística para os fotógrafos durante esse período veio acompanhada de uma profunda reflexão sobre a importância de estabelecer uma autonomia regional para o espaço artístico americano em relação à hegemonia da arte modernista europeia.

Eles cultivaram um estilo de “fotografia direta”, concebendo-a como uma arte totalmente americana, que expressava fielmente a realidade do seu ambiente e, assim, se libertava da estética externa. Essa relação entre autonomia artística e autonomia regional é interessante no contexto mexicano. Uma dinâmica semelhante é visível na busca pela identidade nacional durante o mesmo período, cristalizando-se na noção de mexicanidade. Esse processo deu origem a importantes movimentos artísticos, como o muralismo mexicano. No entanto, é importante reconhecer que essa estratégia não era acessível a todas as práticas artísticas. A arte popular em Michoacán, com seus objetos artísticos originários de regiões e identidades subordinadas à hegemonia da nação mexicana, que ocupavam um espaço periférico dentro de um país periférico, nunca teve realmente essa opção. Essa interligação de histórias e objetos parece propícia à reflexão sobre como certas práticas conseguem se estabelecer como arte e quais circunstâncias impedem que isso aconteça em outros casos.

Nessa época, tanto no México quanto nos EUA, a noção de “primitivismo modernista” foi importante para o desenvolvimento de identidades estéticas nacionais. O período pós-Primeira Guerra Mundial testemunhou a ampla circulação de ideias como as associadas a Oswald Spengler sobre a iminente decadência da Europa. Parecia ser um momento de mudança na geopolítica mundial. No âmbito da arte, em parte como reação a isso, o modernismo recorreu ao que chamavam de “primitivismo”: a ideia de que a arte ocidental precisava olhar receptivamente para as culturas primitivas e revitalizar-se, apropriando-se de qualidades formais para restituir o que havia sido perdido com a modernização e o racionalismo. Na Europa, essa estratégia pode ser observada em vários dos artistas mais importantes da época, como Matisse, Gauguin ou Picasso. No entanto, o primitivismo modernista representou algo diferente nas Américas e, como discurso, tornou-se fundamental para a articulação da relevância no contexto americano. Ele desestabilizou os esquemas que faziam da originalidade e da invenção um privilégio europeu, enquanto outras partes do mundo só podiam seguir e imitar. O primitivismo modernista funcionou quase como uma inversão dessa estrutura. Essas ideias foram adotadas por artistas em toda a América, inspirando-se na vanguarda europeia. À primeira vista, pode parecer que essa adoção consolidou o fluxo migratório tradicional da Europa para a periferia americana, mas as ideias do primitivismo eram um fogo prometeico.

Artistas de toda a América consideravam essa estratégia mais natural para seus contextos do que para os dos artistas europeus. Tomando emprestado os termos de Hal Foster em “O Artista como Etnógrafo?”, o primitivismo modernista europeu parecia “alterizar” o eu mais do que “se auto-afirmar” em relação ao outro1, porque a alteridade foi importada artificialmente de fora. Em comparação, os modernismos periféricos tinham acesso local ao que era identificado como “primitivo”. Isso significava que o primitivismo modernista nesses contextos era um discurso defendido não apenas por artistas, mas também pela classe política. Ele poderia ser utilizado como ferramenta por sociedades não europeias para alcançar uma posição mais autônoma.

Uma versão do primitivismo modernista tornou-se fundamental no México e nos EUA, entre outros países, para defender o crescimento das nações, a importância delas como culturas artísticas e como arenas políticas e econômicas. A vitalidade da essência primitiva das Américas, se guiada por modelos modernos, garantiria um futuros promissores. No México, o uso desse tipo de primitivismo pode ser encontrado na glorificação de impérios pré-hispânicos locais, como o mexica e o maia, na valorização do personagem indígena rural contemporâneo e, claro, na ideologia da mestiçagem, que se tornou a personificação dessa fusão do novo e do antigo. Nos Estados Unidos, as estratégias de primitivismo modernista podem ser rastreadas até o valor atribuído pelo New Deal à força e à dignidade da classe trabalhadora por meio de corporações como a Farm Security Administration. Isso é fácil de identificar em suas representações da pobreza rural, mas também havia características disso na representação do proletariado urbano. Isso também pode ser observado na mudança em direção à preservação de tudo o que pudesse ser considerado patrimônio nacional: paisagens naturais se tornaram parques nacionais e as culturas nativo-americanas2 se tornaram uma parte importante da base que sustentava a cultura americana. Havia também um interesse antropológico pelo jazz, pela migração e pela cultura popular em geral.3

Esses foram alguns dos anos de maior progresso social no México e nos EUA. No México, a agenda estatal da época ainda era impulsionada pela energia política da revolução popular que terminou em 1917. Nos Estados Unidos, o New Deal surgiu como uma resposta à Grande Depressão, buscando aliviar o sofrimento das massas desfavorecidas. A estratégia do primitivismo modernista era vista como inclusiva e democrática. Isso tornou visíveis, no âmbito social, as entidades tradicionalmente marginalizadas e lhes ofereceu um senso de cidadania. Contudo, isso também implicava sua submissão à lógica do nacionalismo, a cooptação de suas identidades e a negação da autonomia. Isso é algo que Strand apontou em seu relatório. Ele identificou muitos dos problemas que observava na prática dos artesãos como relacionados à sua subordinação ao sistema mexicano e aos seus desejos.

Em seu relatório, Strand reconhece que existe um “artesanato bastante notável” dedicado à produção de lacas Uruapan. No entanto, de uma forma bastante controversa, ele descreve as obras resultantes como ”mecânicas e antiestéticas”.4 Strand relaciona esse aparente paradoxo a uma desconexão entre a arte e a realidade dos artesãos: “Embora essas pessoas vivam em meio a frutas, flores, pássaros e toda a riqueza de uma terra subtropical, os desenhos florais em suas canoas são estilizados em um padrão inexpressivo e sem vida”. Ele também descreveu o estilo das lacas como estrangeiro, na medida em que era repleto do que Strand chamou de motivos “pseudo-gregos e pseudo-astecas”. Essa é uma característica crucial para ele, pois culpava a influência opressiva de modelos estéticos externos e antiquados pelo impedimento dos artesãos de usarem livremente sua própria imaginação e, portanto, de alcançarem o status de artistas. É particularmente interessante que a influência greco-europeia tenha sido colocada no mesmo patamar que a estética “asteca”. Um observador diferente, especialmente alguém que concebesse a arte popular da região como parte integrante da arte mexicana, poderia ter percebido uma relação mais orgânica entre os artesãos indígenas Purépecha e o Império Asteca. Para ele, no entanto, as perniciosas influências europeias, bem como os clichês primitivistas locais, dificultavam que os artesãos fossem agentes ativos e contemporâneos. Fortemente influenciado pelo marxismo na época, Strand os via como uma força de trabalho alienada, condenada à produção e reprodução mecânica de objetos para serem vendidos em outros lugares.

Strand focou na cidade de Uruapan, Michoacán. É onde ele passou a maior parte do seu tempo no estado. A arte popular ainda é muito importante na cidade. Durante duas semanas por ano, Uruapan recebe o maior mercado de arte popular do continente. O evento, que começa todos os anos no Domingo de Ramos, toma conta da praça central da cidade. O evento reúne cerca de 1.500 artesãos de 50 comunidades de todo o estado e até mesmo de outros lugares do país onde a arte popular é uma importante atividade econômica, como Guerrero e Oaxaca. Além disso, há um concurso que premia trabalhos de excepcional qualidade técnica e criativa. As vendas das obras apresentadas somente neste concurso totalizaram mais de um quarto de milhão de dólares em 2023. O impacto econômico total desse evento foi de US$5,5 milhões naquele ano. Esses números destacam a importância contemporânea que a produção de arte popular continua a ter na região, especialmente para as comunidades produtoras. É importante destacar que a produção artesanal é a principal fonte de renda para a maioria das famílias que vêm à praça vender seus produtos.

A feira de artesanato de Uruapan exerce uma forte atração gravitacional que reúne as múltiplas entidades envolvidas: produtores, autoridades estaduais e federais interessadas em promover esses produtos culturais, revendedores, turistas nacionais e estrangeiros, colecionadores e representantes de fundos privados com programas dedicados ao fomento da arte popular. Nesse sentido, a feira apresenta uma oportunidade única para examinar as diferentes camadas que compõem esse fenômeno na região atualmente. Apesar de sua perspicácia, o relatório de Paul Strand não escapou aos vieses da época. Sua reflexão sobre a arte popular do estado de Michoacán é unilateral e exclui as vozes dos sujeitos sobre os quais escreve, tendendo, assim, a perceber os artesãos como entidades passivas, exclusivamente vítimas no grande esquema das coisas. Essa interpretação ignora o processo histórico que permitiu que os artistas das Américas participassem do mundo da arte, apesar da hegemonia inicial da Europa em termos econômicos e estéticos.5

Bibliografia

Antliff, Mark e Patricia Dee Leighten. “Primitive”. In Critical Terms for Art History, editado por Robert S. Nelson e Richard Shiff. Chicago: University of Chicago Press, 1996.

Berger, John. About Looking. 1st Vintage International ed. Nova Iorque: Vintage International, 1980.

Bourdieu, Pierre. The Rules of Art: Genesis and Structure of the Literary Field. Stanford, CA: Stanford University Press, 1996.

Frank, Waldo David. Our America. Nova Iorque: Boni and Liveright, 1919.

Gabara, Esther. Errant Modernism: The Ethos of Photography in Mexico and Brazil. Durham, NC: Duke University Press, 2008.

García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: Estrategias Para Entrar y Salir de la Modernidad. Mexico City: Grijalbo, 1990.

Goldstone, Andrew. Fictions of Autonomy: Modernism from Wilde to de Man. Oxford: Oxford University Press, 2013.

Haran, Barnaby. “Documenting an ‘Age-Long Struggle’: Paul Strand’s Time in the American Southwest.” Art History 43, no. 1 (Fevereiro de 2020): 120–53.

Hegeman, Susan. Patterns for America: Modernism and the Concept of Culture. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2001.

Krippner, James e Fundación Televisa. Paul Strand in Mexico. 1st English-language ed. Nova Iorque: Aperture, 2010.

Krippner, James. “Traces, Images and Fictions: Paul Strand in Mexico, 1932–34”. The Americas 63, no. 3 (2007): 359–83.

León, Francisco de e Gabriel Fernández Ledesma. Los Esmaltes de Uruapán. Cidade do Mexico: D.A.P.P., 1939.

Parezo, Nancy J. e Lisa Munro. “Bridging the Gulf: Mexico, Brazil, and Argentina on Display at the 1904 Louisiana Purchase Exposition”. Studies in Latin American Popular Culture 28 (2010): 25–47.

Penhos, Marta. Ver, Conocer, Dominar: Imágenes de Sudamérica a Fines del Siglo XVIII. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores Argentina, 2005.

Roberts, Jodi. “Ethnography”. In The Matter of Photography in the Americas. Stanford, CA: Iris & B. Gerald Cantor Center for Visual Arts at Stanford University and Stanford University Press, 2018.

Sontag, Susan. On Photography. 1st Picador USA ed. Nova Iorque: Farrar, Straus and Giroux, 1977.

Stallings, Stephanie N. “The Pan/American Modernisms of Carlos Chávez and Henry Cowell”. In Carlos Chávez and His World, editado por Leonora Saavedra, 28–45. Princeton, NJ: Princeton University Press, 2015.

Strand, Paul. “Photography”. Camera Works 3 (1917): 3–4.

Strand, Paul. “Report of Paul Strand on Trip to Michoacán”. Center for Creative Photography Archives, Ag 17, caixa 31, pasta 2.

Strand, Paul. Paul Strand, Southwest. 1st ed. Nova Iorque: Aperture, 2004.

Susman, Warren. Culture as History: The Transformation of American Society in the Twentieth Century. Nova Iorque: Pantheon Books, 1984.

Yates, Steve. Transition Years: Paul Strand in New Mexico. Santa Fé: Museum of New Mexico, 1989.


  1. Foster, Hal. “10. The Artist as Ethnographer?”, In Traffic in Culture: Refiguring Art and Anthropology editado por George E. Marcus e Fred R. Myers, 302-309. Berkeley: University of California ↩︎

  2. Particularmente interessante a este respeito é W. Jackson Rushing, Native American Art and the New York Avant-Garde: A History of Cultural Primitivism (Austin: University of Texas Press, 1999). ↩︎

  3. Duas excelentes fontes para compreender o papel do primitivismo na cultura do New Deal são: Hegeman, Susan. Patterns for America: Modernism and the Concept of Culture, Princeton University Press, 1999; e Warren I. Susman, “The Culture of the Thirties”, capítulo Culture as History: The Transformation of American Society in the Twentieth Century (Nova Iorque: Pantheon Books, 1984), 182 ↩︎

  4. Todas as citações deste relatório são de Strand, Paul. “Report of Paul Strand on Trip to Michoacán”. Center for Creative Photography, Ag 17, caixa 31, pasta 2. ↩︎

  5. Nos últimos anos, as lutas decoloniais pela autonomia indígena na região catapultaram coletivos e indivíduos para o mundo da arte. ↩︎

Cita

Morales Cruz, Humberto. 2024. 'Paul Strand e os Artesãos de Michoacán'. Despojos en las Américas. https://dia.upenn.edu/pt/content/Morales-CruzH002/

Artículos Relacionados

Fragmentos dispersos de la sonoridad andina. Un repositorio dedicado a la vida y obra del músico boliviano Felipe V. Rivera (1896-1946)

Fragmentos dispersos de la sonoridad andina. Un repositorio dedicado a la vida y obra del músico boliviano Felipe V. Rivera (1896-1946)

Narrativa 1890 - 1950
MALLKUANKA - Vuelo Sur-Norte de Colores/The South-North Flight of Colors

MALLKUANKA - Vuelo Sur-Norte de Colores/The South-North Flight of Colors

Narrativa 2023

Despojos en las Américas

Un Proyecto de

University of Pennsylvania

Copyright 2024

Con el apoyo de

Mellon Foundation

Diseño y Desarrollo del Sitio

Element 84

Créditos Artísticos

Fotografías de Paul Strand, The Mexican Portfolio, 1940.

Páginas del Sitio

  • Inicio
  • Explorar
  • Autores
  • Sobre
  • Arte
  • Cuerpos
  • Planes de Estudio
  • Herencia Cultural
  • Mapas
  • Territorios